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¿Se puede tener hipermetropía y astigmatismo a la vez?
Ver borroso no siempre se debe a un único problema visual. De hecho, muchas personas descubren en una revisión oftalmológica que tienen hipermetropía y astigmatismo al mismo tiempo. Aunque al principio pueda parecer algo complicado, ambas afecciones son errores refractivos frecuentes y pueden tratarse de distintas formas.
La hipermetropía y el astigmatismo afectan a la manera en la que el ojo enfoca la luz. Cuando el sistema visual no consigue enfocar correctamente sobre la retina, la imagen que percibimos puede verse borrosa, distorsionada o poco definida.
¿Qué es la hipermetropía?
La hipermetropía suele relacionarse con la dificultad para ver bien de cerca. Leer, mirar el móvil, trabajar con el ordenador o realizar tareas que requieren atención visual próxima puede resultar incómodo o cansado.
En la hipermetropía, la imagen tiende a enfocarse por detrás de la retina. En algunos casos leves, especialmente en personas jóvenes, el ojo puede compensar ese defecto haciendo un esfuerzo extra de enfoque. Sin embargo, ese esfuerzo puede provocar fatiga visual, dolor de cabeza, picor de ojos o sensación de cansancio al final del día.
¿Qué es el astigmatismo?
El astigmatismo aparece cuando la córnea o el cristalino tienen una curvatura irregular. Esto hace que la luz no se enfoque en un único punto, sino de forma desigual. Como consecuencia, la visión puede ser borrosa o distorsionada tanto de lejos como de cerca.
Algunas personas con astigmatismo notan que las letras no se ven del todo definidas, que las luces tienen halos o destellos, o que conducir de noche les resulta más incómodo. También puede aparecer cansancio ocular, necesidad de entrecerrar los ojos o dificultad para mantener la concentración visual durante mucho tiempo.
Entonces, ¿se puede tener hipermetropía y astigmatismo a la vez?
Sí. Es posible tener hipermetropía y astigmatismo a la vez, incluso en el mismo ojo. En estos casos, la visión puede verse afectada por dos factores: por un lado, la dificultad de enfoque propia de la hipermetropía; por otro, la distorsión o falta de nitidez provocada por el astigmatismo.
Esto puede hacer que la persona note visión borrosa de cerca, dificultad para enfocar, molestias al leer, cansancio visual o una sensación de que la imagen no termina de ser clara. A veces no se percibe como dos problemas distintos, sino como una visión incómoda o poco estable en el día a día.
¿Cómo se diagnostican?
Para saber si una persona tiene hipermetropía, astigmatismo o ambos, es necesario realizar una revisión oftalmológica completa. Los síntomas pueden orientar, pero no son suficientes para conocer con precisión la graduación ni el estado general del ojo.
Durante la consulta se valora la agudeza visual, la graduación, la córnea y otros aspectos importantes de la salud ocular. Este estudio es especialmente importante si se está pensando en una corrección más allá de las gafas o lentillas.
Tratamientos para la hipermetropía con astigmatismo
La hipermetropía y el astigmatismo pueden corregirse con gafas o lentes de contacto. Esta suele ser la solución más habitual para mejorar la visión y reducir las molestias visuales.
Sin embargo, algunas personas desean depender menos de las gafas o lentillas. En esos casos, puede valorarse la cirugía refractiva, siempre después de un estudio personalizado. En VISIÓON Oftalmólogos, este tipo de tratamiento se plantea de forma individual, teniendo en cuenta la graduación, la edad, la estabilidad visual, el grosor y la forma de la córnea, así como la salud ocular general.
Dependiendo de cada caso, pueden contemplarse técnicas láser o procedimientos con lentes intraoculares. La elección de una u otra opción debe realizarse tras una valoración oftalmológica completa.
¿Se pueden corregir las dos afecciones en una misma intervención?
En muchos casos, sí es posible corregir hipermetropía y astigmatismo dentro de una misma planificación quirúrgica. No obstante, cada ojo es diferente, y no todas las personas son candidatas a la misma técnica.
Por eso, antes de decidir, es fundamental acudir a una clínica especializada en cirugía refractiva. El objetivo no es solo reducir dioptrías, sino conseguir una visión de calidad, estable y segura.
Cuidar tu visión empieza por una buena revisión
Si notas visión borrosa, cansancio ocular, dificultad para enfocar o molestias al leer, puede que exista más de un defecto refractivo. La hipermetropía y el astigmatismo pueden aparecer a la vez, pero también pueden corregirse con el tratamiento adecuado.
En VISIÓON Oftalmólogos, podemos estudiar tu caso de forma personalizada y orientarte sobre la mejor opción para cuidar tu visión.
Operación de cataratas: ¿en qué consiste?
La operación de cataratas es uno de los procedimientos oftalmológicos más habituales y seguros para recuperar la visión cuando el cristalino, la lente natural del ojo, se vuelve opaco. Esta opacidad hace que la luz no entre correctamente y provoca síntomas como visión borrosa, deslumbramientos, pérdida de contraste, dificultad para conducir de noche o necesidad de cambiar con frecuencia la graduación de las gafas.
Aunque las cataratas suelen aparecer con la edad, también pueden estar relacionadas con traumatismos, enfermedades, ciertos medicamentos o factores genéticos. La buena noticia es que, cuando afectan a la calidad de vida, pueden tratarse mediante una intervención rápida y eficaz.
¿Qué son exactamente las cataratas?
Dentro del ojo tenemos una lente natural llamada cristalino. Su función es enfocar las imágenes para que podamos ver con nitidez. Con el paso del tiempo, esta lente puede perder transparencia y volverse cada vez más opaca. A eso lo llamamos catarata.
Al principio, los cambios pueden ser leves y pasar casi desapercibidos. Sin embargo, a medida que la catarata avanza, la visión se vuelve más apagada, como si se mirara a través de un cristal empañado. Muchas personas notan que necesitan más luz para leer, que los colores parecen menos vivos o que los faros de los coches les molestan más de lo normal.
¿Cuándo se recomienda operar?
La cirugía se recomienda cuando la catarata empieza a interferir en las actividades diarias del paciente: leer, trabajar, conducir, ver la televisión o reconocer caras con comodidad. No siempre es necesario operar en cuanto se detecta una catarata; la decisión depende del grado de afectación visual y de las necesidades de cada persona.
Por eso, antes de indicar la intervención, el oftalmólogo realiza una valoración completa. En esa consulta se estudia el estado del ojo, la graduación, la salud de la retina y la córnea, y se toman medidas para elegir la lente intraocular más adecuada.
¿En qué consiste la operación de cataratas?
La operación de cataratas consiste en retirar el cristalino opaco y sustituirlo por una lente intraocular transparente. Esta lente queda dentro del ojo de forma permanente y permite que la luz vuelva a enfocarse correctamente.
La técnica más utilizada es la facoemulsificación. A través de una pequeña incisión, el cirujano introduce una sonda que fragmenta la catarata mediante ultrasonidos y la aspira cuidadosamente. Después, coloca la lente intraocular plegada, que se despliega una vez dentro del ojo.
La intervención suele realizarse con anestesia local mediante gotas o una pequeña sedación, por lo que el paciente no siente dolor. Normalmente dura pocos minutos y no requiere ingreso hospitalario. Tras un breve periodo de observación, la persona puede volver a casa siguiendo las indicaciones médicas.
Tipos de lentes intraoculares
Uno de los puntos importantes de la cirugía es la elección de la lente intraocular. Existen lentes monofocales, que suelen corregir la visión a una distancia principal, y lentes premium, como las multifocales o tóricas, que pueden ayudar a reducir la dependencia de las gafas en determinados casos.
La elección no es igual para todos. Depende del estilo de vida, la salud ocular, la graduación previa y las expectativas del paciente. Por eso es fundamental recibir una recomendación personalizada por parte del especialista.
¿Cómo es la recuperación?
La recuperación suele ser rápida. Es habitual notar mejoría visual en los primeros días, aunque la visión puede estabilizarse progresivamente durante las semanas siguientes. Después de la cirugía, el oftalmólogo suele indicar colirios antiinflamatorios y antibióticos, además de algunas precauciones básicas.
Durante los primeros días conviene evitar frotarse el ojo, levantar peso, realizar esfuerzos intensos o exponerse a ambientes con polvo. También se recomienda seguir todas las revisiones programadas para comprobar que el ojo evoluciona correctamente.
¿Es una intervención segura?
La operación de cataratas tiene una alta tasa de éxito y se realiza de forma rutinaria en centros especializados. Aun así, como cualquier cirugía, no está completamente libre de riesgos. Por eso es importante acudir a un equipo oftalmológico con experiencia, realizar un buen estudio previo y seguir las recomendaciones postoperatorias.
En la mayoría de los casos, el resultado es una visión más clara, luminosa y funcional. Para muchas personas, supone recuperar actividades cotidianas que habían dejado de hacer con comodidad.
Recuperar la claridad visual
En definitiva, la operación de cataratas es un procedimiento destinado a sustituir el cristalino opaco por una lente artificial transparente. Es una cirugía breve, generalmente indolora y con una recuperación sencilla. Cuando la catarata limita la vida diaria, consultar con un oftalmólogo es el primer paso para valorar el tratamiento y volver a disfrutar de una visión más nítida.
Estructura ocular: partes del ojo y funcionamiento de la visión
El ojo humano es uno de los órganos más fascinantes del cuerpo. Aunque muchas veces no somos conscientes de todo lo que ocurre cada vez que miramos a nuestro alrededor, la visión es el resultado de un proceso muy preciso en el que intervienen diferentes estructuras. Conocer las partes del ojo nos ayuda a entender mejor cómo vemos, por qué pueden aparecer algunos problemas visuales y la importancia de cuidar nuestra salud ocular.
¿Por qué es importante conocer la estructura ocular?
La vista nos permite interpretar el mundo: leer, conducir, reconocer rostros, calcular distancias o disfrutar de un paisaje. Para que todo esto sea posible, el ojo capta la luz, la enfoca y transforma esa información en señales que el cerebro puede interpretar.
Cuando hablamos de estructura ocular, nos referimos al conjunto de tejidos y órganos que forman el ojo y que trabajan de manera coordinada. Cada una de las partes del ojo cumple una función concreta, y cualquier alteración en una de ellas puede afectar a la calidad de la visión.
Principales partes del ojo y sus funciones
Córnea
La córnea es la capa transparente que se encuentra en la parte más externa del ojo. Su función principal es permitir la entrada de la luz y ayudar a enfocarla. Es una estructura muy sensible y esencial para una visión clara.
Iris y pupila
El iris es la parte coloreada del ojo. En el centro se encuentra la pupila, una abertura que regula la cantidad de luz que entra. Cuando hay mucha luz, la pupila se contrae; cuando hay poca, se dilata. Este mecanismo permite que el ojo se adapte a diferentes ambientes.
Cristalino
El cristalino actúa como una lente natural. Se encarga de enfocar la luz sobre la retina y permite ver con claridad a distintas distancias. Con el paso de los años, puede perder transparencia y dar lugar a cataratas.
Retina
La retina es una capa situada en el fondo del ojo. En ella se encuentran células sensibles a la luz, llamadas conos y bastones. Los conos permiten percibir los colores y los detalles, mientras que los bastones ayudan a ver en condiciones de poca luz.
Nervio óptico
El nervio óptico transmite la información visual desde la retina hasta el cerebro. Podríamos decir que es el “cable” que conecta el ojo con el sistema nervioso. Sin esta comunicación, la imagen no podría interpretarse correctamente.
¿Cómo funciona la visión?
El proceso visual comienza cuando la luz entra en el ojo a través de la córnea. Después pasa por la pupila y el cristalino, que ajusta el enfoque para proyectar la imagen sobre la retina. Allí, las células sensibles a la luz transforman esa información en impulsos nerviosos.
Estos impulsos viajan por el nervio óptico hasta el cerebro, concretamente a la corteza visual. Es entonces cuando dejamos de hablar solo de luz y señales, y empezamos a “ver” realmente: formas, colores, profundidad, movimiento y detalles.
El papel del cerebro en la visión
Aunque los ojos captan la información, es el cerebro quien la interpreta. Por eso la visión no depende únicamente de las estructuras oculares, sino también de una correcta conexión entre el ojo y el sistema nervioso.
De hecho, vemos con ambos ojos a la vez, y el cerebro combina las imágenes de cada uno para crear una percepción tridimensional. Gracias a esto podemos calcular distancias y movernos con seguridad en nuestro entorno.
Cuidar las partes del ojo para proteger la visión
Conocer las partes del ojo también nos recuerda la importancia de revisarnos la vista de forma periódica. Muchas alteraciones visuales aparecen poco a poco y pueden pasar desapercibidas al principio.
Una buena higiene visual, descansar la vista durante el uso de pantallas, utilizar gafas de sol homologadas y acudir a revisiones oftalmológicas son hábitos sencillos que ayudan a proteger la salud ocular.
En definitiva, las partes del ojo forman un sistema complejo, delicado y perfectamente coordinado. Gracias a ellas, la luz se convierte en imágenes y podemos disfrutar de uno de los sentidos más valiosos: la visión.
