Optografía: la creencia victoriana de que la retina guarda la última imagen que vemos antes de morir

Cuando se intentó revelar la identidad del asesino Jack el Destripador con su imagen grabada en la retina de sus víctimas.

Los años finales del siglo XIX y principios del XX estuvieron llenos de estrafalarias teorías pseudocientíficas, una de las más interesantes para la oftalmología es la optografía.

La optografía es sencillamente la creencia de que los ojos guardan la última imagen que recibimos en el instante mismo de nuestra muerte y que puede recuperarse manipulando la retina del fallecido.

Las imágenes obtenidas recibían el nombre de optogramas y aunque parezca extraño se conservan varios optogramas de estos años en los que la biología y la fotografía avanzaban a grandes pasos.

Trabajos de Wilhelm Kühne

La base científica de esta teoría la encontramos en los trabajos del fisiólogo alemán Wilhelm Kühne, que se inspiró en el descubrimiento de la rodopsina, llamada púrpura visual, debido a su color y a que se encontró por primera vez en la retina de las ranas. La rodopsina es una proteína transmembranal que se encuentra en los discos de los bastones de la retina y Kühne descubrió que, en circunstancias ideales, la rodopsina podía “fijarse” como un negativo fotográfico.

oprtagrama de kuhneKühne experimentó con animales, especialmente con conejos y consiguió así un optograma de la retina de un conejo en el que aparentemente vemos una imagen de la ventana con barrotes que fue lo último que estaba viendo el pobre conejo al ser decapitado para realizar el experimento.

Al llevar el experimento a humanos Kühne se encontró con el problema de que el tamaño de la fóvea, el área de la retina donde se enfocan los rayos luminosos y se encuentra especialmente capacitada para la visión del color, es muy pequeño.

Experimentos en humanos

Aun así, Kühne experimentó con la retina del condenado a muerte Erhard Gustav Reif y consiguió el único optograma humano conocido, lamentablemente no se ha conservado. Kühne mostró a sus colegas una imagen en la retina izquierda, el contorno de la imagen se parecía a una hoja de guillotina pero curiosamente Reif tenía los ojos vendados en el momento de su decapitación.

De este famoso optograma solo nos queda una ilustración en “Observaciones para anatomía y fisiología de la retina” del propio Kühne.

Tras la publicación de los trabajo de Kühne en 1880 la imaginación victoriana se disparó en los casos de asesinato en los que se hallaba el cadáver de la víctima de un crimen con los ojos abiertos y se contaba con pocas pistas.

Optografía forense

Incluso los investigadores policiales a fines del siglo XIX comenzaron a considerar la optografía como una técnica de investigación en casos de asesinato. Uno de los casos que se conocen ocurrió en Berlín en 1877, cuando la policía fotografió los ojos de Frau von Sabatzky, asesinado misteriosamente, ante la posibilidad de que la imagen ayudara a resolver el crimen.

En 1888, el famoso oficial de policía de Londres, Walter Dew, intentó realizar una optografía con las retinas de Mary Jane Kelly, una de las víctimas del asesino Jack el Destripador.

La popularidad de la optografía fue tal que durante muchos años los asesinos destrozaban las retinas de sus víctimas ante la posibilidad de que guardasen su imagen.

Reacción de los oftalmólogos

Pronto los oftalmólogos de la época presentaron sus dudas ante esta teoría y por ejemplo un ayudante del propio Kühne y traductor al inglés de sus trabajos llamado WC Ayres descartó la teoría de que la optografía en un ojo humano podría producir una imagen utilizable para fines forenses.

En un artículo de 1881 en el New York Medical Journal, Ayres declaró que era imposible realizar un optograma en el que se viera la cara de un hombre o el entorno de una persona asesinada, incluso en las circunstancias más favorables.

Pese a todo, en 1924 un profesor de la Universidad de Colonia, fotografió las retinas de dos de las víctimas del acusado de asesinato Fritz Angerstein y entregó al tribunal dos optogramas con imágenes del rostro de Angerstein y un hacha utilizada en el crimen.

Angerstein fue juzgado, condenado y ejecutado, con las imágenes optográficas incluidas entre otras pruebas en el caso. Parece ser que el asesino confesó sus crímenes al enterarse de la existencia de los optogramas.

Su última oportunidad de éxito

El último caso para reactivar esta teoría lo realizó en 1975 el oftalmólogo de la Universidad de Heidelberg, Evangelos Alexandridis. Aplicó las técnicas científicas modernas, conocimiento y equipo de último generación y produjo con éxito una serie de imágenes de alto contraste de los ojos de los conejos al morir, pero concluyó negativamente que esta técnica tuviera cualquier utilidad forense.

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