La miopía, una epidemia aceptada con normalidad

Y al igual que otras epidemias, no basta con encontrar una solución temporal. Los niveles de miopía están aumentando rápidamente y continuarán haciéndolo a menos que se tomen medidas.

Para una gran mayoría de las personas nuestro día a día transcurre pegados a un móvil, ordenador o monitor. Un fenómeno que se ha disparado estos meses con la alerta sanitaria y la normalización del teletrabajo y la educación online.

No es de extrañar que las tasas de miopía se hayan disparado en los últimos años. Según un estudio de 2019 de la revista especializada Investigative Ophthalmology and Visual Science , más del 32% de la población mundial tiene algún grado de miopía.

En la actualidad los niveles más altos de miopía se encuentran en grandes ciudades asiáticas como Singapur, Hong Kong y Guangzhou en China.

Pero también han aumentado los casos en los EE. UU y en Europa occidental en aproximadamente un 15%.

Realmente el aumento de las tasas de miopía no parece ser un gran problema. La comunidad médica estaba más o menos de acuerdo en que uno podía simplemente ponerse unas gafas o lentes de contacto y seguir con su vida con normalidad.

Pero la realidad es que estudios recientes demuestran que la miopía aumenta en gran medida el riesgo de desarrollar otras enfermedades y afecciones que amenazan la vista, como glaucoma , cataratas , desprendimiento de retina o alguna maculopatía.

La miopía es sin duda una epidemia.

Y al igual que otras epidemias, no basta con encontrar una solución temporal. Los niveles de miopía están aumentando rápidamente y continuarán haciéndolo a menos que se tomen medidas.

Al sufrir miopía padecemos una visión borrosa al mirar objetos que están lejos. En el peor de los casos esto puede causar dolores de cabeza, fatiga visual u obstaculizar el desarrollo normal de los niños.

Es por eso que es importante realizar controles oculares periódicos y evaluar la miopía e incluso hacerlo desde una edad muy temprana

Un condicionamiento genético

Durante mucho tiempo se creyó que la miopía era únicamente un problema genético que se transmitía de padres a hijos.

Aunque la miopía sin duda tiene un componente hereditario y la genética juega un papel importante en la determinación de la visión de una persona, como se puede ver por el reciente aumento de casos, está claro que también está influenciada por el entorno y las condiciones sociales actuales.

Por ejemplo, los médicos han estudiado desde hace años a niños que nacen con una leve cantidad de miopía. Pero hoy, estamos viendo que la miopía progresa más rápidamente.
Hay muchas teorías sobre por qué podría estar pasando esto y uno de los casos principales y más convincentes es nuestra relación con la tecnología y el aumento del tiempo frente a la pantalla.

Como puede notar cualquiera que mire a su alrededor durante unos minutos, hoy dedicamos mucho más tiempo a mirar pantallas.

Según un estudio de la Asociación Americana de Optometría , cuatro de cada cinco padres afirman que sus hijos pasan al menos una hora al día frente a un ordenador o dispositivo móvil.
Para muchos niños y adultos, especialmente aquellos que usan pantallas para estudiar o trabajar, es probable que la cifra sea mucho mayor.

La tecnología que tenemos al alcance de la mano hoy en día es increíble, pero tiene un costo para nuestros ojos. En particular, pasar más tiempo encerrados en el interior de casa mirando una pantalla la realizamos a costa de dedicar menos tiempo a relajar la visión y estar en espacios amplios y abiertos al aire libre.

Aunque las pantallas y los dispositivos digitales están recibiendo gran parte de la culpa del aumento de la miopía, el aumento de casos comenzó antes de que los teléfonos inteligentes se generalizaran.

Este hecho está respaldado por estudios que demuestran que mirar los dispositivos todo el día no es, de hecho, tan malo para nuestros ojos como pensamos al principio. El verdadero culpable, al parecer, es que no salimos tanto al aire libre como solíamos hacerlo.

Uso y abuso de pantallas

El mayor uso de la pantalla generalmente implica un mayor tiempo en interiores. Por ejemplo en las grandes urbes asiáticas, en las que los niños pasan hasta 10 horas seguidas en la escuela.

Todas estas horas implica que los ojos se adaptan para favorecer los objetos en el campo de visión cercano, especialmente en los niños cuyos ojos aún se están desarrollando. En esencia, lo que vemos y miramos cambia la forma en que se desarrolla el ojo.

Una de las teorías por las que se cree que estar al aire libre protege contra la miopía es que hay menos barreras, como las paredes, que se interponen en el camino para poder mirar nada en particular hacia el horizonte.

Sin embargo, algunos investigadores afirman que exponer el ojo a la luz natural ayuda a que el ojo se desarrolle de manera saludable y mantiene la visión nítida.

La teoría es que la luz natural interactúa con las células especializadas de la retina, lo que hace que produzcan más dopamina, una sustancia química que se cree que ayuda al desarrollo del ojo. En otras palabras, la dopamina podría ser la clave para detener el desarrollo de la miopía.

Un estudio chino hace unos años intentó probar esta teoría instalando paredes de vidrio en cuatro lados de un aula y midiendo si tenía un efecto sobre la miopía. Los resultados no fueron concluyentes, pero difícilmente fue un reemplazo para pasar tiempo real al aire libre.

El mejor consejo suele ser el más antiguo y el más utilizado. En este caso, pasar más tiempo al aire libre y recibir mucho aire fresco y luz natural no podría ser más apropiado.